Vaya suerte

Singladura

Roberto Cienfuegos J.________

 Sí, es lo que me inquieta en estos días tan complejos para los gobiernos de México, a cargo del presidente Andrés Manuel López Obrador, y de su compañera de partido y política consentida, la doctora Claudia Sheinbaum, que trabajan en medio de escenarios inéditos, inesperados y que se quiera o no, se vieron agravados por circunstancias y hechos tan impensables como delicados.

Ambos se encuentran en el mejor lugar, pero en el peor momento. Mire por qué.

Aun y cuando López Obrador dijo a principios del 2020 que la pandemia del coronavirus le vino como anillo al dedo, lo cierto es que el famoso Covid-19 desdibujó y/o alteró, se acepte o no, todo el ejercicio gubernamental y aún presupuestal. Es cierto que los proyectos emblemáticos o insignia de este gobierno -Tren Maya, Dos Bocas, Felipe Ángeles- se han mantenido, pero también es cierto, que se tuvo que proceder a una restructuración económica-financiera para atender la crisis sanitaria del país, cuyos costos económicos aún están por evaluarse y sobre todo darse a conocer.

Por el Covid-19, la economía colapsó con un menos 8 por ciento del Producto Interno Bruto. Se dice fácil, pero seguramente el sexenio lópezobradorista ya no podrá recuperarse en los tres siguientes años como para rendir una cuenta favorable y mucho menos para cumplir las metas de crecimiento ofrecidas por el ex candidato presidencial de Morena. Kaput. Un sexenio económicamente perdido, es lo previsible. Más pobreza, mayor desempleo y menos crecimiento, incluso de aquel, también magro, que arrojó el periodo económico neoliberal. Vaya suerte.

Para el gobierno de la Ciudad de México que encabeza la doctora Sheinbaum, los tiempos que le han tocado tampoco han sido benévolos. Antes que auspiciosos y propicios, los dioses le han resultado adversos, difíciles, retadores. También ha tenido que lidiar con el coronavirus, una crisis sanitaria de gravísimas proporciones y que ha tenido como epicentro precisamente la capital del país. Vaya suerte.

Casi cuando la ciudad iba saliendo -según los criterios oficiales- de la pandemia, sobrevino la catástrofe de la estación Olivos de la Línea 12 o Dorada. Pácatelas. Vea si no. El tres de mayo ocurrió el desplome del metro capitalino. Un mes después, el 4 de junio, se hizo el anuncio del semáforo epidemiológico verde. No estrenábamos el verde cuando ya se sufría el derrumbe del metro.

Y ahora, la doctora Sheinbaum tendrá que lidiar prácticamente en lo que resta de su mandato con ese desgraciado episodio, que de igual forma marcará su gestión, y que muy probablemente la rebasará porque es muy incierto que la línea 12 vuelva a operar en los poquito más de tres años que le restan al gobierno capitalino de Sheinbaum. Los dioses no la han ayudado y menos favorecido.

Y, lo peor, es que aun con todo el respaldo presidencial -ratificado una y otra vez en Palacio Nacional-, la doctora Sheinbaum, inteligente como es, sabe que se encuentra en un túnel tan incierto en su carrera por la presidencia como el mismito túnel de la línea 12 del metro. Qué cosa. Tan cerca antes del 3 de mayo y ahora tan lejos.

¿Quién podría haberse imaginado esto? Así es la realidad, terca, inclemente, ruda y testaruda. Amanecerá y se verá.

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