Tribus medievales, extremistas e iletradas, han creado un “Estado delincuencial” en México

.- La “justicia de tribus” ha afectado el espíritu de honradez a nuestras leyes que tanto distinguieron al México liberal, hoy convertido en un extraordinario laboratorio comunista.

.- Metafóricamente, la histórica Avenida de la Reforma, sería el Paseo de la Impunidad; y al Ángel de la Independencia, “honraría” a la narco-política, flagelo que sigue ensombreciendo a toda la Nación.

 Gustavo Cortés Campa y Blas A. Buendía * ______________

Sea lo que sea, en esta Cuarta Transformación de la República, los Tres Poderes de la Unión le han perdido el respeto a nuestro Pacto Federal, cuando deberían de ser ellos los primeros en guardarle ese respeto, no utilizando ni mediatizando políticamente ciertos decires inconducentes provenientes del púlpito de Palacio Nacional, pronunció la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, A. C.

Para ellos –advirtió- les resulta igual actuar legal o ilegalmente de acuerdo con la Constitución Política  de los Estados Unidos Mexicanos, o en contra de ella. De tal suerte que la “justicia de tribus” ha afectado el espíritu de honradez a nuestras leyes que tanto distinguieron al México liberal, hoy convertido en un extraordinario laboratorio comunista.

Porque –subraya- es inconcebible que la Fiscalía General de la República, la cual presume (sólo presume) de ser “independiente”, denotando una pasividad a fin de indagar el fenómeno de la narco-política, solo finja actuar dando espectáculos de irrespeto a la justicia. “Episodio digno de otros tiempos, que nos retrae a una realidad medieval de una justicia de casta o tribu al servicio del poder”, remarcó.

La prensa y redes sociales –ilustró la Academia referida- nos han revelado muchos desmanes (por no decir ¡desmadres! incontrolables) que han agraviado a nuestra República y, así con ello, evidencian que no se respeta nuestro estado de Derecho, las instituciones democráticas y a la justicia.

Y abunda: Rápidamente a ello y por las mañanas, desde muy “cerquita” del Templo Mayor -donde lateralmente se ubica el aparato religioso cuan vigilante de Dios que no perdona los pecados promovidos por todos lados-, surgen palabras de demagogia que vienen al quite. “Parece cada vez más verídico que el fenómeno de la narco-política sólo tiene tres clases de militantes: autores, cómplices y encubridores”.

Volviendo a la realidad –hablando metafóricamente- ¿no sería lo ideal renombrar a nuestro Paseo de la Reforma, designándolo ahora como Paseo de la Impunidad? y en lugar de nuestro Ángel de la Independencia poner la estatua del narco-político al cual no se le quiere indagar. De ocurrencias a ocurrencias, vale la nuestra. Lo antepuesto es una crítica justificada, lo expresado tiene un rango en el arte liberal y en las cosas que afectan al espíritu de México.

En todos los tiempos –rememora- han habido y existido procesos relativos a los altos intereses superiores de la Nación, causas que superan los intereses de partidos políticos y los cuales sacuden el espíritu de todo mexicano; una gran parte de nuestra historia política se ha desarrollado en la justicia. “Son temas de grandeza histórica que nos permiten comprender las pasiones de ciertas épocas y seguir y conseguir las transformaciones que la Patria requiere para su crecimiento y grandeza”.

Nuestra realidad en la actualidad en que vivimos es un “Estado delincuente” inmerso dentro de nuestro Estado Democrático y en ese estadio delincuencial, seguirá carcomiendo a toda la esfera social ya que entre las tribus, sobresale “el poder tras el poder”.

Ante este dramático escenario, la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, A. C., urgió a todas las Barras de Abogados, Fiscalías Generales de Justicia y demás sectores, unir todos sus esfuerzos en defensa de la Soberanía Nacional, es decir, “mientras nuestro Estado Democrático no se sacuda el lastre que representa la intentona de hacer crecer a ese estado narco-político comunista que tanto ha lastimado al país, las cosas irán de mal en peor”.

En medio de ese mismo Estado fallido que México está padeciendo a estas alturas del siglo XXI, a raíz de la consumación del neoliberalismo por parte del poder de la Cuarta Transformación, “nada le cuesta a la justicia sacudirse del cáncer de toda tribu, toda vez que ésta insiste en atentar –con espíritu por demás oclocrático-, con la gravísima mutilación institucional que evita la independencia de la propia justicia. Nuestra justicia penal no debe ser aliada de la inmunidad e impunidad del poder delincuente que denigra a México”, aseveró.

Se considera que cualquier abogado penalista sabe cómo romper con esa justicia de casta o tribu, y si no lo sabe, tiene que aprenderlo para bien de México”, sentenció el prestigiado abogado penalista Alberto Woolrich Ortiz, quien es presidente de la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, A. C.

Oclocracia

La carencia de cultura de la legalidad -a manera de colofón-, obedece a varios factores de diversos tipos, de los que se destacan los más relevantes.

Primero, es que una buena parte de las leyes no se puede cumplir, ya sea porque unas leyes contradicen a otras, porque son obsoletas o inadecuadas o porque simplemente no hay autoridades en cantidad y con capacidad suficientes para hacerlas cumplir.

Segundo, es la ignorancia y el temor, o el desprecio que sienten los diversos sectores sociales respecto a las leyes.

En los sectores de menores recursos económicos (llámense “muchedumbres”) se percibe a las leyes como impuestas, es decir, decididas al margen de ellos y, en consecuencia, se ven como ajenas y, en general, hechas para “perjudicarlos, no para protegerlos”, graso error de cálculo jurídico.

En los grupos de recursos económicos altos, la percepción es más o menos inversa, es decir, se percibe que las leyes están para favorecerlos, pero solo a ellos y cuando no es así, se busca cualquier resquicio técnico para evadirlas.

El resultado en ambos casos es el mismo: las leyes no se perciben como propias, como un mecanismo que se da la sociedad para funcionar en sus diversos ámbitos, en sí mismo digno de respeto.

Es por lo consiguiente que el término de “Oclocracia” –que integra a un gobierno integrado por la muchedumbre-, es una de las formas de degeneración de la democracia, del mismo modo que la monarquía puede degenerar en tiranía o la aristocracia en oligarquía. A veces se confunde con la tiranía de la mayoría, dado que ambos términos están íntimamente relacionados.

A mayor entendimiento, el término fue acuñado por Polibio, historiador griego, en su obra Historias, escrita en torno al año 200 a. C. Polibio desarrolló su propia teoría de la anaciclosis, basándose en las tres formas de gobierno aristotélicas y sus correspondientes formas impuras, sustituyendo la demagogia, como forma degenerada de la democracia, por el nuevo concepto de oclocracia.

Mientras que, etimológicamente, la democracia es el “gobierno del pueblo” que con la voluntad general legitima al poder estatal, la oclocracia es el “gobierno de la muchedumbre”, es decir, “la muchedumbre, masa o gentío es un agente de producción biopolítica que, a la hora de abordar asuntos políticos, presenta una voluntad viciada, evicciosa, confusa, injuiciosa o irracional, por lo que carece de capacidad de autogobierno y, por ende, no conserva los requisitos necesarios para ser considerada como pueblo”.

Reportero Free Lance *

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