Sin señas particulares (2020), de Fernanda Valadez

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Gillian Turner _______

El adolescente Jesús se despide de su madre. Se va al norte con Rigo su amigo con la esperanza de cruzar a Estados Unidos, donde supuestamente la vida es como miel sobre hojuelas.

Magdalena los ve partir. Jesús voltea un momento y se levanta la mano para saludar a su madre por última vez.

Pasan los meses y ni Magdalena ni la madre de Rigo tiene noticias. Se acuden a la policía. Como los muchachos se fueron por su propia voluntad, supuestamente no hay delito que seguir. Magdalena emprende viaje hacia el norte en busca de su hijo. Como dice ella, no va a regresar a casa hasta encontrar a su hijo. Ella sabe qué día Jesús y Rigo abordaron el camión hacia la frontera, y sabe cuál fue la línea de autobuses. De ahí, choca contra un muro de silencio. Nadie le da la cara. Nadie quiere hablar. Nadie suelta información. Por fin una mujer compadece de ella y le da unas recomendaciones, pero a escondidas, en el baño de mujeres, sin que se le vea la cara. Por lo menos es una pista. Siguiendo sus sugerencias, Magdalena va a un albergue de migrantes en busca de un viejo que probablemente tomó el mismo camión que los muchachos. Le indican a dónde encontrarlo. Es un viaje largo, duro, por un paraje pedregoso, seco, hostil.

En el camino se encuentra con Miguel, un muchacho recién deportado de EU, que retorna a casa de su madre. Por una vez hay diálogo. Tanto ella como Miguel tienen ganas de platicar, intercambiar experiencias, después de tanta dificultad, tanto hermetismo. Miguel ofrece ayudarla a que llegue dónde el viejito. Pero la casa de su madre está abandonada. El pueblo está desierto, su padrino ya no le puede ayudar. Así que Magdalena sigue su camino como pueda. Por fin encuentra al viejo. Le cuenta lo que pasó al camión, y a los pasajeros … sin dar la cara y hablando en una lengua indígena de Tamaulipas, con su nieta como intérprete, a quien tampoco vemos la cara.

Lo terrorífico del narrativo se realza con imágenes y sonidos: una gran fogata con una imagen diabólica que surge de las llamas; gritos y llantos, golpes y balazos.

Tristemente, el amigo de Jesús, el que sí tiene una seña particular (una mancha blanca en la cara) no sobrevive.

Hay dos episodios de violencia repentina, inmediata, presencial, de mayor impacto por ser momentos breves, pero de gran intensidad. Después, por fin Magdalena logra algo de clausura.

Sin señas particulares es una película de denuncia: de la violencia, la impunidad, y el volumen de desapariciones forzadas y muertes, en este caso en Tamaulipas, aunque igual se podría hablar de Michoacán, Jalisco, Zacatecas …

Es una película de silencios pesados, cargados de miedo. Nadie quiere hablar de la violencia en que se vive, la cantidad brutal de los que desaparecen sin llegar nunca a su destino.

Hay dos ejemplos reveladores del volumen de desaparecidos y muertos, que crece día a día: cuando Magdalena acude a la policía a denunciar la desaparición de su hijo, el agente saca un enorme archivo de fotos de muertos solamente de los últimos dos meses. En otra escena a una mujer le avisan que han encontrado el cuerpo de su hijo desaparecido desde hace cuatro años. La llevan no a la morgue, sino a un contenedor repleto de cadáveres (los que han recogido en las últimas dos semanas) envueltos en esas siniestras bolsas negras con cierre. Abren el cierre. ¿Cómo puede ella estar segura? Su recuerdo es de un muchacho sonriente, lleno de vida. ¿Cómo saber si ese muerto es en realidad su hijo?

El tono de la película es de una emoción contenida. Magdalena no grita, llora ni patalea. Es perseverante. Insiste en que tiene que saber qué le pasó a su hijo. Camina con determinación, con un solo objetivo: encontrar a su hijo.

Sin señas particulares es la película que más nominaciones tiene para los premios Ariel de este año. Incluyen, entre otros, premios para Opera Prima, Guion, Música Original, Sonido, Fotografía, Dirección – y  el de Mejor Actriz que es para Mercedes Hernández, estupenda como Magdalena. Es importante notar que gran parte del equipo son mujeres. Fernanda Valadez dirige este su primer filme de larga duración y también co-escribe el guion con Astrid Rondero. La fotografía es la responsabilidad de Claudia Becerril Bulos. La música original la hizo Clarice Jensen. Astrid Rondero y Fernanda Valadez son dos de las productoras, y también se encargaron de la edición, junto con Susan Korda.

Una película valiosa y necesaria.