¡Pelea limpio, güerito canalla!

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César Velázquez Robles _________

(Sinaloa).  Hace ya varios ayeres, escuchaba a mi padre contar un chiste de humor negro. Un negro esclavo era colocado en el centro del escenario en el coliseo romano. Con el cuerpo enterrado hasta el cuello y las manos atadas, había de enfrentarse a un león. Una vez suelta la bestia toma impulsa hacia donde está el esclavo y de una tarascada le arranca una oreja. Toma de nuevo impulso y le arranca la otra oreja. Sabiéndose al borde de la muerte, espera el ataque final.  Se acerca el león para dar el zarpazo final, y el esclavo negro alcanza a mover la cabeza y le muerde un testículo al león. Desde la tribuna principal, donde el emperador presidía el acontecimiento, se levanta uno de los invitados principales y grita: “¡pelea limpio, negro asqueroso!”

Ricardo Anaya.

Algo así está pasando en México. Se desata una persecución contra Ricardo Anaya. Conociendo cómo se las gasta el régimen, decide poner tierra de por medio para conservar su libertad y no perder sus derechos políticos, lo que le impediría ser candidato a la presidencia en el 2024. Entiende que con este gobierno no hay nada de “qué florecitas ni que amores míos”. Así que soltó un video, de esos que le despedazan el hígado a López Obrador. Y dijo en un tuit: “López Obrador negó quererme encarcelar, pero resulta que me acaba de llegar el citatorio para una audiencia en el reclusorio norte. Los delitos que me imputan “solo” suman 30 años de prisión. ¡Menos mal que su fuerte no es la venganza! Vamos para, adelante, hasta donde tope.” Luego declaro que “en tiempos de autócratas como López Obrador, el exilio es la única alternativa para seguir luchando”. “Que te quede bien claro Andrés Manuel: no me escondo ni huyo; doy la cara y me exilio con mucho dolor de mi país para poder seguir luchando. No te vas a deshacer de mí”. Claro que López Obrador respondió casi de inmediato en su homilía matinal: cuando uno es inocente, la cárcel fortalece, dijo. Rechazó toda persecución, y apuntó que el caso de Anaya es asunto de la fiscalía y del juez, y el que nada debe, nada teme. Bueno, así lo creyó Rosario Robles, y está presa para satisfacer los apetitos de venganza del presidente, aunque no sea su fuerte.

Lo que veo en el caso es una mezcla explosiva de animadversión personal y cuentas políticas pendientes que vienen desde la campaña presidencial –“el problema no que seas viejo, sino que tus ideas son viejas” de Anaya al presidente, y la respuesta de éste: “Ricky, riquín, canallin”–.  Pero utilizar el poder político, la fuerza de las instituciones contra un ciudadano evidentemente en situación de desventaja, que es acosado y perseguido como no se hace contra la delincuencia organizada, habla de una arbitrariedad y de un clima de intolerancia que solo puede llevarnos a una más profunda descomposición de nuestra vida pública. Ese es el riesgo que ahora es posible advertir. Es una pena.

AMLO quiere que la revocación sea una consulta como la de Texcoco

También es de pena, pero de pena ajena, la respuesta del presidente al requerimiento de recursos económicos para la realización al referéndum revocatorio –“consagratorio lo quiere el régimen–. Desde hace tiempo, el Instituto Nacional Electoral, a través de su presidente, ha reiterado su compromiso de sacar adelante la consulta prevista para marzo del año próximo. Ha puesto ya en marcha los trabajos para garantizar la instalación de las poco más de 150 mil casillas para recoger la votación. Ha reiterado su convicción democrática en que esta modalidad de democracia directa puede y debe contribuir a mejorar la calidad de nuestra convivencia. Como todo esfuerzo que requiere una enorme movilización de recursos humanos y materiales, ha elaborado un presupuesto que atienda las necesidades de organización que aseguren la eficiencia y la calidad de la consulta. Al presidente López se le ha hecho mucho dinero, algo así como 2 mil 500 millones de pesos, y en cambio, su propuesta es más práctica, económica y operativa. Hela aquí: “Son muy truculentos, cuando tienen a miles de trabajadores. Nada más con que aporten los de arriba la mitad de su sueldo; los medianos, que aporten el 25 (por ciento); y los de abajo no, los que ganen menos de 10 mil que no, pero 10 mil a 100 mil, 25 por ciento. Y de 100 mil para arriba, la mitad. Y que no haya comidas ni bebidas, que le bajen a los honorarios, y con eso alcanza”.

“Que le bajen a los honorarios”, clama el presidente. Esa es su obsesión, y ahí embona perfectamente con una muy sentida demanda de la ciudadanía, que advierte como agraviantes los estratosféricos salarios de los funcionarios de los órganos autónomos. Pero esa cruzada contra los salarios va también contra toda la administración pública federal. Cientos, quizá miles de empleados del sector público, altamente calificados, que han contribuido a elevar la calidad y la eficiencia del servicio público agregando valor a su ejercicio, han sido despedidos en un proceso de destrucción de valor. Son muchos los especialistas, técnicos y científicos que se han visto obligados a emigrar al sector privado o al extranjero a consecuencia del enorme castigo salarial que ha impuesto el presidente. Bajar los salarios –ha dicho en todos los tonos desde el principio de su mandato—permitirá un gigantesco ahorro para reorientar recursos hacia sus proyectos estratégicos. La tal rebaja de salarios y el ahorro correspondiente, ha quedado como siempre, en agua de borrajas.

La verdad que no tiene sentido lo que dice el presidente sobre la reducción de salarios de los funcionarios electorales. No hay ninguna relación, con todo y sus altas percepciones, entre los requerimientos financieros para la consulta y lo que se podría reunir de los ahorros. Pero pega, y eso es lo que a él le importa. La emprende contra el INE y sus funcionarios, los deslegitima, los presenta como unos conservadores miembros de la mafia del poder, contrarios al compromiso democrático de la ciudadanía, y, zas, ha creado en esta coyuntura todo el ambiente necesario para demoler una de las muy pocas instituciones que garantizan que nuestra convivencia no se desborde por los caminos de la barbarie y la violencia.

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