Manuel Bartlett Díaz, Genaro García Luna, y el festín de la soberanía y el nacionalismo revolucionario

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La costumbre del poder

.- Se regodean AMLO y sus valedores con lo ocurrido a García Luna, pero esconden dentro de sus pantalones al peor de los felones políticos vivo. Los mexicanos hemos pagado mayores costos por la actitud de Manuel Bartlett, quien como secretario de Gobernación tiró y calló al Sistema, que por las fechorías -supuestas o reales- del ex secretario de Seguridad Pública Federal.

.- “Lo más importante es que desde aquí, desde este Zócalo, corazón político y cultural de México, les recordamos a esos políticos hipócritas e irresponsables que México es un país independiente y libre, no una colonia ni un protectorado de Estados Unidos, y que podrán amenazarnos con cometer cualquier atropello, pero jamás, jamás, permitiremos que violen nuestra soberanía y pisoteen la dignidad de nuestra patria”

Gregorio Ortega Molina _______

El daño a México está hecho, sólo necesitamos cuantificar los costos y tratar de disminuir su magnitud. Los sucesos ocurrieron en ámbitos distintos, pero ambos lesionaron el proyecto de nación.

Partamos del supuesto de que Genaro García Luna fue efectivamente la mente maestra que se esforzaron por exhibir durante su juicio, y que más allá de su perfil de peón, pudo comportarse como suelen hacerlo los jefes de ese negocio que, es preciso subrayarlo, no desaparecerá como no dejan de funcionar las diversas actividades de los criminales, señaladamente la prostitución, tan antigua como la formación de las comunidades donde pudo florecer ese comercio.

¿Qué es lo que afecta en nuestra vida cotidiana y en la construcción de la patria, el hecho de que la presencia del narco hoy ocupe amplios espacios de la república donde están presentes las autoridades, pero no gobiernan? ¿Ocurría lo mismo durante los seis lustros anteriores? ¿Se ha modificado el concepto de corrupción y disminuido su persuasivo poder? ¿Ya pudieron dictar sentencia a los “supuestos” corruptos de los sexenios anteriores? Pareciera que hoy manda la hipocresía.

García y Bartlett.

Tengo presente la respuesta puntual que me dio Federico Reyes Heroles durante una entrevista: el narco no se combate, se administra. Y así es, como ha ocurrido con las actividades criminales desde que aparecieron quienes cometen los delitos, así como las policías que deben preservar la vida, pero no lo hacen.

Por el contrario, ¿cuánto ha costado a la República que Manuel Bartlett Díaz decidiera tumbar al “Sistema”. La palabra es inequívoca, propició que el sistema cibernético se cayera, y con él se precipitara en su decadencia el Sistema político. El presidencialismo menguó velozmente, porque olvidaron incorporar en la mesa de negociaciones de Palacio Nacional para entronizar a Carlos Salinas, el tema de la transición.

Se regodean AMLO y sus valedores con lo ocurrido a García Luna, pero esconden dentro de sus pantalones al peor de los felones políticos vivo. Los mexicanos hemos pagado mayores costos por la actitud de Manuel Bartlett, quien como secretario de Gobernación tiró y calló al Sistema, que por las fechorías -supuestas o reales- del ex secretario de Seguridad Pública Federal.

En su reino de la hipocresía Andrés Manuel López Obrador se declara el campeón de la lucha en contra de los corruptos, pero protege y se sirve de Manuel Bartlett Díaz, cuyas felonías cuestan más a México que las de cualquier otro ex funcionario público, incluido Ignacio Ovalle.

El festín de la soberanía y del nacionalismo revolucionario

Se confirmó lo apuntado aquí el viernes anterior. Andrés Manuel López Obrador dedicó su fiesta del 18 de marzo, a promover lo peor en los sentimientos de los mexicanos.

En un recuento histórico de lo que fue el proyecto de nación construido sobre el cumplimiento del mandato constitucional, refirió:

“La organización y movilización política de las masas permitió avanzar en el propósito de hacer valer la independencia económica de nuestro país, y así fue que con la expropiación de las empresas petroleras se empezaron a devolver bienes nacionales y recursos que desde el porfiriato se encontraban en manos de extranjeros.

“La política —que se oiga bien, que se internalice, que se oiga lejos—, la política no sólo es racionalidad, también, como otras actividades de la vida, necesita de mística y de convicciones. Los procesos políticos son más complejos de lo que suponen los intelectuales racionalistas; en los procesos políticos intervienen también factores como la suerte, la genialidad de los dirigentes y los sentimientos del pueblo.

“Nada de zigzaguear, sigamos anclados en nuestros principios, reafirmemos la decisión y el rumbo que hemos tomado desde que inició el gobierno. No a las medias tintas, no aceptaremos nunca que en México se imponga una minoría a costa de la humillación y el empobrecimiento de las mayorías.

“Me llena de orgullo poder recordar —bueno, hago un paréntesis para decir que ofrezco disculpas porque estoy tardando, pero ya estoy por terminar—, me llena de orgullo poder recordar hoy, 18 de marzo, que, a pesar del entreguismo que prevalecía antes de que llegáramos al gobierno, pudimos quitar del Tratado de Libre Comercio un amplio capítulo que comprometía en ese acuerdo nuestro petróleo y poner en su lugar un pequeño párrafo, que se los voy a leer. Dice:

‘Estados Unidos y Canadá reconocen que México se reserva su derecho soberano de reformar su Constitución y su legislación interna, y México tiene el dominio directo y la propiedad inalienable e imprescriptible de todos los hidrocarburos en el subsuelo del territorio nacional.’

“Está asegurada la continuidad con cambio. No hay nada que temer. Eso sí, tenemos que mantenernos unidos, mirando siempre hacia el porvenir y la felicidad de nuestros semejantes, trabajando desde abajo y con la gente, y sin descuidar la estrategia que llamamos acertadamente la revolución de las consciencias para continuar avanzando en el cambio de mentalidad, para seguir politizando a nuestro pueblo y, de esa manera, con un pueblo cada vez más consciente, y en eso hemos avanzado mucho, México es de los países con menos analfabetismo político en el mundo.

“Y aun cuando en política es más peligroso subestimar la fuerza de los adversarios que sobreestimarla, sostengo que hagan lo que hagan no regresarán al poder los oligarcas, continuará prevaleciendo en nuestro querido México una auténtica y verdadera democracia.

“Pero lo más importante es que desde aquí, desde este Zócalo, corazón político y cultural de México, les recordamos a esos políticos hipócritas e irresponsables que México es un país independiente y libre, no una colonia ni un protectorado de Estados Unidos, y que podrán amenazarnos con cometer cualquier atropello, pero jamás, jamás, permitiremos que violen nuestra soberanía y pisoteen la dignidad de nuestra patria”.

Vale la pena regresar a Samuel Ramos y El perfil del hombre y la cultura en México. “La obra de imprimir a nuestra vida un sello peculiar no ha partido de donde lógicamente debía partir: del conocimiento del hombre mexicano. Mientras no se defina su modo de ser, sus deseos, sus capacidades, su vocación histórica, cualquier empresa de renovación (léase regeneración) en sentido nacionalista será una obra ciega destinada al fracaso”.

El hecho es irrecusable: el proyecto de la Revolución fue echado por la borda, y no acabamos de incorporarnos a la globalización, por una equívoca idea de soberanía.

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