Los mitos de la historia

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El otro dato

Juan Chávez ________

Este patriotero mes, que este 2021 acumula desgracias al por mayor, no hace sentir patriotas a 50% de los mexicanos, que no están orgullosos de ser “más mexicanos que el pulque”.

Una encuesta de De Las Heras Demotecnia, difundida por Aristegui noticias, revela que 50% de mexicanos hubieran preferido nacer en un país distinto.

Y es que nuestra historia está llena de mitos. Dicta un popular proverbio que la historia la escriben los victoriosos y México se ha caracterizado por no serlo y haber perdido guerras y con ellas la mitad de su territorio.

Los Niños Héroes que son conmemorados cada 13 de septiembre, no fueron niños ni héroes. Murieron por la Patria sí, porque contra las órdenes recibidas de no combatir al ejército de Estados Unidos que en la guerra 1846-1848 había entrado a la ciudad de México y se aprestaba a asaltar el Castillo de Chapultepec, sede entonces del Colegio Militar, pelearon con las pocas armas que tenían.

Pero los niños héroes realmente no eran niños. La UNAM ha detallado  que los seis nombres marcados en la historia tenían entre 14 y 20 años de edad. Vicente Suárez murió a los 17 años; Juan de la Barrera, a los 19; Juan Escutia, a los 20; Agustín Melgar, a los 18; Fernando Montes de Oca, a los 18; y Francisco Márquez fue el que murió más joven, a los 14 años.

El mito dice que  Juan Escutia se lanzó con la bandera mexicana para no morir a manos de Estados Unidos.

En los libros de primaria y secundaria se menciona que el 13 de septiembre de 1847, los Niños Héroes entregaron su vida en el Castillo de Chapultepec, incluso hay quienes afirman que Juan Escutia prefirió aventarse envuelto en la bandera nacional, antes de ver cómo esta podría ser mancillada por los invasores estadounidenses.

La historia real apunta a que los Niños Héroes y otros cadetes, alrededor de 200, tuvieron que verse obligados a desobedecer la orden de su superior y empuñaron las pocas armas que tenían y se unieron a la batalla que se estaba llevando a cabo en el Castillo de Chapultepec.

De acuerdo al historiador Alejandro Rosas, el mito alrededor de la historia real inició con la visita del presidente estadounidense Harry S. Truman en 1947, pues en aquella ocasión, Truman realizó una ofrenda a los caídos, misma que ofendió el ánimo de los mexicanos.

Ante tal afrenta, bajo el mandato del presidente Miguel Alemán, surgió la leyenda de los niños héroes ante el   hallazgo de seis cráneos al pie del cerro de Chapultepec que se atribuyeron a los llamados niños héroes, pero tal versión jamás ha sido comprobada.

Siempre se ha manejado la idea de que Juan Escutia se lanzó envuelto en la bandera de México, convirtiendo a los Niños Héroes en los salvadores de la patria; pero los historiadores apuntan a que ese hecho no ocurrió.

Es mentira, la bandera, que fue arriada por los vencedores yanquis que la llevaron a casa y estuvo expuesta en la Academia Militar de West Point durante cinco años y fue retirada en 1952 para devolverla a México junto con otras que también habían sido sustraídas.

 Alfredo Ávila, historiador mexicano de la UNAM, aseguró en entrevista con MVS que no hay registro de que Juan Escutia estuviera en la batalla.

En Grito suma también anécdotas que se convierten en mitos de la historia. La más sonada es la sugerida intervención de la afamada y hermosa Güera Rodríguez, considerada como seductora de la Independencia y colocarla como iniciadora al lado de Josefa Ortiz de Domínguez.

La Güera fue amante de Humboldt, Simón Bolívar y Agustín de Iturbide, en el que influía a tal punto, que le escribió el Plan de Iguala y le sugirió el famoso abrazo de Acatempan con Vicente Guerrero. Lo real es que Iturbide, al frente del desfile del Ejército de las Trigarante, desvió su paso a caballo para que la columna pasara por la Profesa y la Güera, su amante, lo viera desde el balcón de su residencia.

La Güera, dice el mito, ayudó a Hidalgo con grandes cantidades de dinero de su cuantiosa fortuna.

Porfirio Díaz, dicta el mito, introdujo la celebración del Grito de Independencia en la noche del 15 de septiembre, para que coincidiera con la fecha de su cumpleaños, pero en la celebración del Centenario, no pudo hacer sonar la campana de Dolores porque el badajo fue cubierto con trapos por sus opositores.

El Grito en el Zócalo se inició en 1840.

En un balcón, aledaño a la casa parroquial de Huichapan, en Hidalgo, conocido como El Chapitel, fue la sede de la primera conmemoración del “Grito de Independencia”. Lo encabezaron los insurgentes Ignacio López Rayón y Andrés Quintana Roo, esposo de Leona Vicario, el 16 de septiembre de 1812, cuando la lucha independentista estaba en pleno fragor.

Hidalgo no hizo sonar la histórica campana aquella lejana madrugada del 16 de septiembre. Su arenga libertaria incluyó  vivas a la Virgen de Guadalupe y al rey  Fernando VII. La campana fue repiqueteada por el campanero José Galván.

“El Pípila” (Juan José de los Reyes Martínez Amaro), más que mito, es cuento de la historia. La toma de la Alhóndiga de Granaditas, con el incendio de la puerta, fue un evento del coraje con que se estaba luchando por la libertad.

El 30 de octubre de 1810 los insurgentes derrotaron a las tropas realistas en la Batalla del Monte de las Cruces –actualmente el Parque Nacional Insurgente, mejor conocido como La Marquesa.

Esta victoria le abrió el camino hacia la ciudad de México, poniendo al movimiento a un paso del triunfo; sin embargo, en el último momento, Hidalgo se negó a entrar a la capital, frenando lo que pudo significar el asalto definitivo y el fin de la guerra de Independencia, quizá por el número de bajas y deserciones, por agotamiento y falta de armamento o por temor a la violencia y el saqueo.

A la negativa tras la Batalla del Monte de las Cruces,  siguió la total desavenencia entre Hidalgo e Ignacio Allende que, sumada a diferencias previas, rayó en el odio.

Todas esas razones llevaron a Allende a planear el envenenamiento de Hidalgo, y aunque repartió tres dosis de veneno, nunca pudo llevar a cabo su plan porque Hidalgo estaba bien protegido.

En 1813, José María Morelos y Pavón planteó en sus “Sentimientos de la Nación” –texto base de la Constitución de 1814–, solemnizar el día 16 de septiembre “como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia»; el texto final declaró a la fecha “una fiesta nacional”.

Pero fue el emperador Maximiliano I de México quien en 1864 utilizó por primera vez el discurso y las arengas para recordar el inicio del movimiento patriótico, desde el pueblo de Dolores.

Porfirio Díaz trasladó la celebración del Grito al Zócalo, con todo y la campana original de Dolores que fue llevada a Palacio Nacional en 1896.

En 2010, se celebró el bicentenario del inicio del movimiento.

Junto con los restos de Morelos, conocido como “Siervo de la Nación”, fueron exhibidos los de otros héroes de la nación durante un desfile celebrado en 2010, pero dos años después se hicieron públicos estudios del INAH que indican que en la urna sacada de la Columna de la Independencia había restos de ciervos.

Y es que los restos de Morelos el “Siervo de la Nación” nunca han estado en la Columna de la Independencia. Su hijo Juan Nepomuceno Almonte, que negoció con Austria la traída a México del emperador Maximiliano de Habsburgo, los enterró en el panteón fifí de París… donde se encuentran actualmente. Y esto no es mito, es realidad: el hijo de Morelos los sustrajo de la Catedral, donde se hallaban para llevarlos consigo en su viaje a la Ciudad Lux e iniciar sus negociaciones como “traidor de la Patria”.

México fue reconocido por España como nación independiente hasta 1836 mediante el Tratado Santa María-Calatrava.

Hoy, 50% de los mexicanos no quieren ser más mexicanos que el pulque. Desearían haber nacido en otro país, sobre todo en España.

¿Por qué será?

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