Los arquitos, patrimonio nacional

Alimentaron con sus aguas a la ciudad durante casi un siglo.

Las plumas de Quetzalcóatl

Guillermo Morán Romo ___________

AMIGOS, los Baños de Los Arquitos, monumento declarado Patrimonio Nacional, fueron edificados para recreación de los habitantes de la ciudad y luego de quedar jurídicamente protegidos al declarárseles como tal (Patrimonio Nacional), el 13 de diciembre de 1990, pudieron ser restaurados para devolverle su carácter recreativo, con lo cual se transformaron en un nuevo Centro Cultural.

Recordaremos en esta entrega que Los Arquitos fueron construidos en 1821 para aprovechar las aguas de los cercanos manantiales de Ojocaliente, resaltando en su construcción el pasillo principal con su elegante arquería estilo neogótico, la puerta de acceso con su arco ojival flanqueado por columnas abalaustradas, pilastras decoradas con motivos vegetales y un curioso remate con una cartela sostenida por dos esculturas de niños.

Entre otras curiosidades y detalles de esta obra, señalaremos que el balneario fue durante siglo y medio uno de los lugares preferidos por las familias de Aguascalientes, y aunque durante un tiempo estuvo en desuso al dejar de prestar sus servicios durante poco más de 30 años, el Monumento fue declarado Patrimonio Nacional y restaurado para su utilización.

Sabemos todos que la ciudad y el Estado deben su nombre a los manantiales de aguas termales que en ella brotan y que el más importante ha sido el de Ojocaliente, localizado al oriente de la ciudad, por lo que no es extraño que haya sido el pilar para el desarrollo y crecimiento de la población hasta bien entrado el siglo XX, mismo que fue surtidor de Los Arquitos.

 El historiador Agustín R. González describe, en su Historia de Aguascalientes, como muy característico del suelo aquicalidense la infraestructura hídrica: “Corren las aguas por toda la capital, regando las huertas de los particulares y los jardines públicos, y brotan de las fuentes de caprichosas figuras colocadas en las plazas y calles. Los manantiales del Cedazo, la Macías, los Arellano y los Negritos, abastecen de aguas deliciosas a los habitantes de la ciudad… Al oriente de la ciudad está el pequeño cerro y a sus faldas las fuentes termales cuyas abundantes aguas tanto auxilian a la horticultura… Estas mismas aguas que riegan las calles, huertas y jardines, abastecen nuestro agradables baños”.

 Esta descripción, señala José Luis García Ruvalcaba, muestra sin duda la gran cantidad de elementos hidráulicos de la ciudad; la caja de agua del Ojocaliente fue el primer depósito para contener las aguas del manantial principal y fue construida a finales del siglo XVI por el fundador de la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes, el capitán Juan de Montoro.

 Añade que los Baños de Los Arquitos, por su parte, fueron los primeros edificados para la recreación de los habitantes de la ciudad desde 1821 y permanecieron abiertos hasta 1973, convirtiéndose en la columna vertebral para la distribución del agua hasta el siglo XIX y que su finalidad, además de surtir de agua a los baños o placeres, a la alberca, a los lavaderos y a la huerta, fue la de alimentar durante casi un siglo a la mayoría de las fuentes públicas de la ciudad, así como a los principales edificios públicos, conventos y casas principales.

El conjunto consta de cinco elementos integrados, de distintas épocas y estilos, como son la galería de los baños de placer, el antiguo Hotel San Carlos, una casa habitación denominada Casa Pons, la alberca “puga”, los lavaderos públicos y las huertas.

Fue el 4 de mayo de 1821, cuando el Ayuntamiento de Aguascalientes aprobó la edificación de los baños, que pasaron por diferentes propietarios hasta que en 1993 el Gobierno del Estado adquirió Los Arquitos para restaurarlos con fines culturales.

Recuerda el propio García Ruvalcaba que “En Aguascalientes, el uso del baño fue más frecuente que en otras entidades; se realizaba semanalmente, como lo indica nuestro dicho: <Es sábado y me toca baño> (lo común en otros sitios era hacerlo cada dos o tres meses)”.

Del edificio, los lavaderos fueron, sin duda, el conjunto más grande del centro del país, en donde se ventilaban anécdotas y noticias y se cultivaban los famosos “chismes de lavadero”.

 Para el uso  de la alberca había días exclusivos para hombres y otros también para mujeres. Esto en el siglo XIX, obviamente.

El deterioro de los baños comenzó en 1970, cuando el proceso de crecimiento (la historia se repite), cegó el acueducto subterráneo que los alimentaba al pavimentarse el primer anillo de Circunvalación y al abrirse la avenida Héroe de Nacozari, que cercenó el 40 por ciento de la superficie total del conjunto arquitectónico y el 60 por ciento de los lavaderos.

Debe mencionarse que incluso estuvieron a punto de ser demolidos “en aras de la modernidad”, sin embargo la vigilancia del Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, paró en seco varios trabajos de demolición y pudo conseguir que fueran declarados, Los Arquitos, Monumento Histórico Nacional, el 13 de diciembre de 1990, con lo que quedaron jurídicamente protegidos para la posteridad.

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