José Guadalupe Posada

Las plumas de Quetzalcóatl
 Interpretación artística de tema campirano
Guillermo Morán Romo ______________
Calavera maderista.

AMIGOS, siguiendo con la temática que mencionamos en la anterior entrega, abordamos en esta ocasión el tema relacionado con una de las facetas más interesante de la vida de trabajo de uno de nuestros más grandes artistas, el inagotable José Guadalupe Posada, quien permanentemente y a pesar del paso – incluso – de los siglos, nos ofrece siempre nuevas interpretaciones, por la riqueza y la profundidad de su obra, en la que (y aquí viene el argumento de estas Plumas de Quetzalcóatl), ocupa un lugar principal el charro mexicano (válganos la redundancia, pues bien es cierto que al mencionar la palabra “charro”, claramente sabemos todos que estamos hablando de una de las tradiciones más propias de nuestra idiosincrasia mexicanista; en otras palabras y más concreto, sólo en México hay charros. Por eso válganos la redundancia, insistimos).

Hablar de charros y relacionarlo con el trabajo y la obra inagotable de nuestro artista José Guadalupe Posada tiene su fundamento en el hecho de que por su significado, el charro constituyó un tema importante en la iconografía nacionalista mexicana del siglo XIX.

Calavera revolucionaria.

En este sentido y como parte del contexto, debemos decir (como lo recalcamos en la anterior entrega) que el antecedente más directo del charro es el chinaco, que junto con aquel, por su virilidad y su gallardía, así como también por su atuendo de ostentosa vanidad y por su actitud espectacular que llega a lo fanfarrón, se les identifica como el prototipo de lo mexicano.

En general, pintores, grabadores, poetas y músicos lo retrataron con minuciosidad cercana a la admiración.

Calavera zapatista.

Decía el investigador de arte Ricardo Pérez Escamilla, fundador de la Biblioteca de Arte Mexicano que lleva su nombre, que “Es sorprendente el hecho de que al reunir imágenes de charros de Posada, encontramos, no obstante lo mucho que se ha dicho y escrito de ellos, a un personaje inédito y original en su iconografía. Posada presenta como cumbre del revolucionario y del charro a Emiliano Zapata, campesino que lucha por el respeto a los derechos de los trabajadores de la tierra…”.

 Con sus obras sobre el charro, Posada es pues fundamental para comprender al personaje, que si bien fue abordado por artistas de la talla de Icaza, Serrano, Morales, Alfaro y Arrieta, nunca se encontró una representación tan nítida de ese ser humano, eminentemente vital de la sociedad mexicana, como en él. Posada le da vida lo mismo como calavera fanfarrona y fandanguera, bailando en los panteones, cortejando a la mujer, desafiando a un tigre en la estampa conocida como El Valiente de Guadalajara, que asumiendo un aspecto aguerrido como en el corrido Macario Romero y otros, pero también representa al charro en la pulquería con un vaso de neutle, bebida por excelencia de todas las clases sociales y definitoria de la plástica mexicana decimonónicantos más importantes. En cuanto acontecía algo relevante, Posada grababa y Vanegas Arroyo imprimía.

Canto a mi patria de Posada de la colección Biblioteca de Arte Mexicano Ricardo Pérez Escamilla.

De 1890 datan los primeros grabados reproducidos en La Gaceta Callejera, que publicaba Antonio Vanegas Arroyo. Pasó así cerca de un cuarto de siglo, en la editorial de éste, ilustrando los textos, canciones y corridos del poeta oaxaqueño Constancio S. Suárez.

 Posada identificó claramente los grupos y personas que pasarían a formar parte de nuestra historia al legarnos la expresión gráfica de Zapata y Villa, por ejemplo y en este sentido, la herencia mayor que nos legó son las calaveras, pero con un sentido social, montándolas inclusive a caballo.

Corrido El valiente de Guadalajara, volante de Posada de la colección de la Biblioteca de Arte Mexicano Ricardo Pérez Escamilla.

El dibujante y grabador aguascalentense influyó notoriamente en artistas de la talla de José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Xavier Guerrero, Diego Rivera, Jean Charlot, Francisco Díaz de León y Leopoldo Méndez, quienes vieron en él a un precursor de la Revolución en las artes plásticas.

El propio Diego Rivera dijo del aguascalentense que “La producción de Posada, libre hasta de la sombra de una imitación, tiene un acento mexicano puro…”. Esto no es sino una pequeñísima parte del amplio texto que dedicó el muralista al grabador, pero que es explícito por sí mismo del tema que estamos abordando en estas Plumas de Quetzalcóatl.

Corrido Macario Romero.

 Debemos decir, finalmente, que José Guadalupe Posada, con su extraordinaria imaginación, su capacidad de crítica y su inagotable sentido humorístico, creó una vasta y significativa obra, que cobra más valor y relevancia conforme avanza el tiempo y se estudia y comprende con mayor profundidad.

El arriero.

Aquí, algunas de las obras del extenso catálogo de grabador, en torno a los charros. En orden progresivo, Calavera Maderista; Calavera Revolucionaria; Calavera Zapatista; Canto a mi Patria, volante de Posada de la Colección de la Biblioteca de Arte Mexicano Ricardo Pérez Escamilla; Corrido El Valiente de Guadalajara, volante de Posada de la Colección de Arte Mexicano Ricardo Pérez Escamilla; Corrido Macario Romero; El Arriero; El Jarabe de Ultratumba; Emiliano Zapata; José Guadalupe Posada y su hijo; Los Rurales, volante de Posada de la Colección de Arte Mexicano Ricardo Pérez Escamilla; Pulquero con su vaso de neutle; Rebumbio de Calaveras, Rotos y Garbanceras.

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