Glorificación del Estadista

.- De presidentes a presidentes.

.- Al César lo que es del César…

Blas A. Buendía * ______________

El Estadista es aquel político que no tiene una necesidad personal de alimentarse del poder, sino que impera por tomar medidas aceptadas o no por la sociedad, para el bien común. Uno de los Estadistas más reconocidos es el británico  Winston Churchill, por ejemplo.

El abogado Alberto Woolrich Ortiz, presidente de la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, A. C., presentó un estudio referente a la glorificación de los Estadistas que ha tenido nuestro país, permitiendo definir que de los 80 personajes que llegaron a la máxima cúspide de la política mexicana, son unos cuantos los que destacaron por su sabiduría.

Dijo que no le podría producir, sino melancolía, rememorar la figura de algunos presidentes constitucionales que a lo largo de la historia han gobernado a México. Por tanto, la pluma del abogado Woolrich, y dado el singular privilegio que le confieren diversos espacios informativos, “hoy tendré la fortuna de actualizar ante mis queridos lectores, algunos hechos de la historia jurídica mexicana trascendentes para la justicia y legalidad y, así con ello poder comparar para gloria de México, nuestra calidad de presidentes que hemos tenido”.

Con extremada humildad, el prestigiado abogado penalista primeramente solicitó que le fuese permitido y concedido -por considerarlo propio a la ocasión y aplicable al comparativo “de presidentes a presidentes”-, se debe recordar con deleite espiritual las palabras de un jurista ya extinto pero no olvidado, Piero Calamandrei, quien en su maravillosa obra “Elogio dei judice scritto da un avvocato”, sostuvo que: “Todo abogado vive ciertos momentos durante los cuales, olvidando las sutilezas de los códigos, los artificios de la elocuencia, la sagacidad del debate, no siente ya la toga que lleva puesta ni ve que las autoridades estén envueltos en sus pliegues; y se dirige a ellos mirándolos de igual a igual, con las palabras sencillas con que la conciencia del hombre se dirige fraternalmente a la conciencia de su semejante para convencerlo de la verdad”.

En estos momentos –abundó- la palabra justicia vuelve a ser fresca y nueva como si se pronunciase entonces por primera vez; y quien la pronuncia siente en la voz un temblor discreto y suplicante como las que siente el creyente cuando reza. Bastan esos momentos de humilde y solemne sinceridad humana, para limpiar a la abogacía de sus miserias”.

En este contexto, el licenciado Alberto Woolrich inició con el tema: “Para Emilio Portes Gil, la Justicia fue en él un valor inmanente y un actuar constante, en el decurso de su vida jamás olvidó su penetrante vocación de abogado, como estudiante, fue el primero que con grupo de compañeros llevó a cabo la primera huelga estudiantil en la Escuela Normal de Ciudad Victoria, y ya como abogado fue el primero también que logró imponer a una empresa el primer contrato colectivo de trabajo, y el primero en obtener para los trabajadores el pago de salarios caídos y, la hoy tan olvidada, repartición de utilidades.

“Solo por esos méritos –añadió- Emilio Portes Gil merece el aplauso unánime de nosotros los abogados. Pero no: Don Emilio produjo hechos históricos importantes para México”.

Destacó que Don Emilio conjuntamente con Ezequiel Padilla y Don Manuel Herrera y Lasso, entre otros, fundaron la Escuela Libre de Derecho, la cual ha dado a México eminentes juristas, hábiles litigantes, excelentes jueces, magistrados y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y, sobre todo, un gran Presidente de la República: El Sr. Lic. Don Emilio Portes Gil. Él fue el que otorgó a la Universidad su autonomía, le dio en el devenir de la historia un contenido histórico, fecundando a nuestra ALMA MATER, con los ideales de la Democracia.

Y continuó diciendo: “Ciertamente Don Emilio, por su fe inquebrantable en la Justicia, siendo Presidente de la República, resolvió con ecuanimidad no exento de valor y además de singular acierto, el conflicto religioso que databa del año 1926 y que había heredado de su antecesor Plutarco Elías Calles.

“Aquel Primer Magistrado de la Nación -basado en la tesis de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios-, puso como condición primordial para resolver el conflicto religioso, el sometimiento del Clero a la Constitución, obtuvo con ello que un grupo de mexicanos aceptara bajar las armas y someterse al Gobierno de la República mexicana”.

Remarcó: “Se percibe diferencia o semejanza con otros: ¡…Sí…! La Constitución somete no con abrazos, sino con el cumplimiento a la Ley”, puntualizó en el estricto sentido de que el actual Presidente de México, paradójicamente y sin respetar los preceptos de la Carta Magna, se ha visto sometido a la complacencia de los dueños del mal, al reitera cotidianamente su perorata: “Abrazos, no balazos”.

Reportero Free Lance *

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