El dióxido de cloro sí es opción

Mientras tanto el COVID sigue causando estragos

.-  Este medicamento ha tenido resultados sorprendentes y si está prohibido por las autoridades de salud, es porque significaría el fin de un mega negocio que enriquece a autoridades y farmacéuticas corruptas, aseguran médicos de Aguascalientes.

Heriberto Bonilla Barrón ________________

Aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador, a nivel nacional y el gobernador Martín Orozco insisten en afirmar que la pandemia del COVID-19 ¨ya está controlada y que su pico más alto ya es una meseta¨, la verdad es totalmente lo contrario, los contagios y las muertes siguen en ascenso en tanto que se dice que ¨ahora si con la vacuna la sociedad estará a salvo¨, lo que también ha sido una mentira, por lo que pareciera que el gran fracaso institucional seguirá devastando a la población, no obstante algunos médicos y hasta profesionistas de muchas partes del mundo insisten en asegurar que el dióxido de cloro, que está prohibido por la Secretaría de Salud, es por ahora la gran opción y que es una mentira que sea una charlatanería.

Médicos consultados por FUERZA AGUASCALIENTES y por Mis Raíces Digital, que nos pidieron secrecía ya que hasta podrían perder su título, coincidieron en que en sus consultorios están tratando a pacientes con el COVID y que los resultados han sido muy positivos, señalando que este dióxido de cloro ha tenido resultados sorprendentes y que si está prohibido por las autoridades de salud, es porque significaría el fin de un mega negocio que enriquece a autoridades y farmacéuticas corruptas.

Destacaron que el dióxido de cloro se ha utilizado desde hace más de 100 años para combatir todo tipo de bacterias, virus y hongos, actuando como desinfectante de la sangre, ya que en su modo de acción resulta ser un oxidante.

El dióxido de cloro (ClO2 ) es un gas de color amarillento que, hasta la fecha, no está introducido en la farmacopea convencional como principio activo, aunque se utiliza de manera obligatoria para desinfectar y conservar las bolsas de sangre para transfusiones, también se usa en la mayoría de las aguas embotelladas aptas para el consumo, puesto que no deja residuos tóxicos; es  un gas muy soluble en agua y que evapora a partir de los 11 ºC.

La pandemia del COVID-19 demanda soluciones urgentes con enfoques alternativos, por ello, el dióxido de cloro en solución acuosa a dosis bajas promete ser una solución ideal, rápida y efectiva para la eliminación de este virus, afirmando que demasiadas veces ocurre que la solución está en el camino más simple.

Químicamente, dijeron, ell dióxido de cloro es un gas, formado con dos moléculas de oxígeno y una de cloro, y cuando está diluido en agua, se le conoce como solución de dióxido de cloro, o CDS, normalmente a tres mil partes por millón, y no hay que confundirlo con el hipoclorito de sodio como de manera dolosa lo hacen algunos de sus detractores, alertando de que es tóxico y nocivo para la salud.

La gran polémica que ha desatado el uso de este gas, como remedio para recuperar a pacientes infectados por el Covid-19, así como la abierta oposición por parte de la mayoría de la comunidad médica, así como de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), argumentando que el dióxido de cloro se usa para blanquear papel (cosa totalmente errónea que demuestra su ignorancia) y que su ingesta es un riesgo para la salud, lo cual afirman sin proporcionar pruebas ni fundamento científico alguno, reticencia que solo puede ser explicada con base a los fuertes intereses económicos involucrados.

Si bien la COFEPRIS señala que no ha otorgado ningún registro sanitario a medicamento alguno que contenga dióxido de cloro, la explicación es sencilla y contundente, ya que este gas, no es MEDICINA, ni SUPLEMENTO ALIMENTICIO, razón por la cual NO OCUPA ningún registro ni autorización sanitaria de su parte.

Es tal la embestida de las autoridades sanitarias contra el uso del dióxido, que cuando se hizo público que un médico de Querétaro, el Dr. Manuel Aparicio Alonso, había instalado un pabellón Covid en su clínica, donde estaba tratando con CDS a pacientes infectados, con un éxito total, y sin ningún fallecido, dicho pabellón fue clausurado por las autoridades sanitarias por no seguir los protocolos aprobados por el Sector Salud, sin importar los resultados comprobables del éxito del tratamiento.

Esta actitud hostil y combativa contra el dióxido, por parte de las autoridades sanitarias, y de muchos médicos, sin importar la creciente evidencia de la eficacia de esta solución, solo puede ser explicada si entendemos que el uso generalizado del dióxido de cloro, afectaría considerablemente la venta de fármacos y significaría un gran descalabro económico para estas compañías transnacionales tan poderosas, ya que el costo del dióxido es ínfimo, menos de tres pesos por litro de solución ya preparada para ser ingerida durante el día, mientras que el costo del fármaco Remdesivir supera los $50 mil pesos.

Afortunadamente, cada vez se suman más adeptos al dióxido y se acumulan más casos de experiencias favorables de pacientes que han sido recuperados del Covid, e incluso en Países como Bolivia y Ecuador, sus gobiernos han autorizado de manera oficial el libre uso de este gas para fines terapéuticos.

A nivel mundial, ya existe una Coalición para la Salud y la Vida, (COMUSAV) integrada por más de 40 Países, donde México ya está debidamente representado, y trabajan constantemente en aportar mayor evidencia científica en favor del uso del dióxido, así como capacitar a la gente a producir en casa su propio gas,  y difundir el uso correcto del producto, no tan solo para combatir el Coronavirus, sino para muchos padecimientos más.

Al ingerirse la solución con dióxido de cloro, el gas se libera y sus moléculas de oxígeno se incorporan al organismo, iniciando un proceso de oxidación que elimina virus, bacterias y cualquier patógeno dentro del cuerpo, quedando como residuo un minúsculo granito de sal común, por lo que el alegado efecto “tóxico” de ingerirlo, es totalmente falso.

Si nuestras autoridades sanitarias aprobaran y promovieran el uso del dióxido de manera generalizada, no solo se vaciarían los hospitales, sino que ya no habría más defunciones originadas por las complicaciones ocasionadas por este virus, y toda la sociedad y la economía podrían volver a la normalidad previa a la pandemia, y no a la “nueva” normalidad alterada que padecemos.

También, debería proporcionarse a todos los empleados en sus centros de trabajo, y se “blindarían” contra cualquier contagio, y las actividades económicas podrían operar normalmente sin riesgos sanitarios, y se apoyaría verdaderamente la recuperación económica que tanto necesitamos.

Obviamente, como el dióxido de cloro en solución debe pasar por un proceso de “fabricación” con protocolos específicos para obtenerlo a una concentración de tres mil partes por millón, para quienes no lo produzcan en casa, las autoridades podrían certificar que éste haya sido procesado con los protocolos y la calidad requerida, para garantizar sus óptimos resultados, y proteger a los posibles consumidores de productos que no cumplen con las especificaciones requeridas.

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