Cumbre de esperanzas por un mundo sin hambre

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Silvia Martínez (*) _______

Roma (Prensa Latina).-  A impulsar acciones, mover conciencias y lograr acuerdos que contribuyan a erradicar la extrema pobreza y el hambre aspira la Cumbre sobre Sistemas Alimentarios, programada para mañana 23 de septiembre en la sede de la ONU, en Nueva York.

Propósitos fijados en la Agenda 2030 de ese organismo mundial, cada vez más distantes ante diversos y complejos desafíos agravados por la pandemia de Covid-19, cuyo enfrentamiento involucra a varias instituciones, en particular a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con sede en Roma.

Para conocer sobre la participación de esa organización en la cita neoyorquina, Prensa Latina dialogó en esta capital con su economista jefe y subdirector general del Departamento para el Desarrollo Económico y Social, Máximo Torero, experto con una vasta labor de investigación centrada en la pobreza y desigualdad.

Nacido en Lima, Perú, el 27 de mayo de 1967, Torero culminó la maestría y el doctorado en el Departamento de Economía de la Universidad de California en 1993 y 1998 respectivamente, antes de ocupar diferentes responsabilidades en organizaciones multilaterales e institutos globales de investigación.

Experto en temas cruciales para la FAO como la lucha contra el hambre y la producción de alimentos, Torero recordó que la Cumbre sobre Sistemas Alimentarios es continuación del encuentro preparatorio realizado en Roma en julio último, como parte de un proceso desarrollado durante casi 18 meses.

Al referirse a la importancia de la conferencia, señaló que alrededor de 160 millones de personas entraron en situación de hambruna en 2020 debido a la pandemia de Covid-19, con lo cual ascendió a 811 millones el número de los agobiados por ese flagelo en el mundo.

Eso quiere decir, dijo, que en 2030 estaríamos muy lejos de llegar a la meta de hambre cero y añadió que no es sólo eso, pues, además, hay tres mil millones de personas sin acceso a dietas saludables, problemas muy serios de desnutrición crónica y obesidad, a lo cual se suman el deterioro ambiental y el impacto del cambio climático.

Esas razones hacen que la cumbre, explicó, sea algo relevante ante la urgencia de «hacer algo si es que queremos por lo menos volver a la tendencia de lo que queríamos lograr», alineados en reducir la hambruna, evitar que siga creciendo.

PERSPECTIVA DE SISTEMA

La cumbre, valoró, ha logrado generar un movimiento tratando de llamar la atención sobre estos problemas, pero desde una perspectiva de sistema en el cual todos los factores están interrelacionados, como ocurre con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU.

En tal sentido, precisó que producir más alimentos puede afectar los recursos naturales y las emisiones de gases contaminantes, aspectos a tener en cuenta a la hora que los países decidan cuáles son los caminos para lograr esa meta.

Aspectos perfectamente consistentes con el programa de trabajo de la FAO sobre sistemas agroalimentarios, porque -explicó- es agro y alimentario pues el agro no es sólo alimentos, dado que la agricultura también genera ingresos -como fibras, confecciones- los cuales les permiten a las personas comprar alimentos.

Pero también -apuntó- produce alimentos por lo cual es preciso evaluar todo el sistema para ver cómo logramos cambiar esta situación y hacer la transformación necesaria a favor de las metas propuestas, hasta ahora sin lograr en ninguna de sus dimensiones.

Torero acotó que esa organización basa su estrategia en un sector agroalimentario más eficiente y productivo en procura de una mejor nutrición, ambiente y vida.

En esa estrategia destacó la presencia de cuatro generadores, «innovación, información, tecnología y lo que llamamos complementos», asociados estos últimos con «la institucionalidad, el capital humano y la gobernanza» requeridos para que el proceso sea inclusivo.

GOBIERNOS, EMPRESAS Y SOCIEDAD CIVIL

Sobre el papel de los gobiernos y las personas en los esfuerzos para eliminar el hambre y la malnutrición en el mundo, el experto opinó que la FAO es una unidad de asistencia técnica cuyo rol es llevar información, ciencia, evidencias y atraer a cuantos socios sea posible.

Los gobiernos por su parte «desempeñan un rol fundamental de crear el ambiente para que eso se pueda dar, para que las inversiones se puedan dar», a ellos corresponde aportar institucionalidad y gobernanza.

También mencionó cuánto pueden aportar las empresas del sector privado, al «ser responsables de lo que hacen, que rindan cuentas sobre lo que están haciendo, si están aplicando prácticas que van a deteriorar los suelos».

No es simplemente ir a hacer agricultura expansiva y destruir, se trata de una agricultura sostenible y eso hay que tomarlo en cuenta, expresó.

Asimismo, hizo referencia a cuánto puede hacer la sociedad civil, sobre todo los consumidores, a favor de reducir el desperdicio, «ser conscientes que no podemos botar la comida», así como el papel de la academia.

Todos jugamos un rol, resumió, debemos actuar de conjunto, porque si cada uno va por su lado como ha sido hasta ahora, no vamos a lograr nada.

El economista jefe de la FAO enumeró los conflictos, el cambio climático, las recesiones y caídas en el crecimiento económico como causas principales de las crisis alimentarias y en ese sentido, resaltó la «recesión enorme» provocada por la pandemia, la cual exacerbó las desigualdades entre los países.

Torero señaló la importancia del apoyo a los países más pequeños, porque «si ellos están mal, a fin de cuentas todos vamos a estar mal, estamos muy interconectados y entonces hay que cambiar la visión de cómo pensamos como grupo y eso está vinculado a los conflictos y a otras cosas».

Reconoció la importancia del conflicto y de las medidas políticas tomadas por algunos países y al respecto opinó que «es el momento de empezar a entender la cuestión del hambre y la hambruna como una cuestión del ser humano» por lo cual, subrayó, «no podemos violar ese derecho humano».

(*) Corresponsal de Prensa Latina en Italia.