Convocatoria abierta al deporte nacional de la corrupción

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¿Tienes alguna duda o situación con tu mascota?

M.V.Z. Salvador Cisneros Guzmán

M.V.Z. July Barba Sánchez

Local 108

Tel.: 449 918-4387

Urgencias: 449 110-7792

¡Bienvenidos sean todos ustedes, mis camaradas!

 

Cuenta una no tan vieja fábula sobre un país, cuyo nombre no recuerdo, donde la clase política y empresarial se daban la gran vida a costillas del sudor y esfuerzo de su pueblo, y la corrupción, mis queridos carnales, parecía más que una vergüenza, el deporte nacional.

Cierto día Don Justo, el anciano sabio del lugar, decidió, como dijera mi tío Pancho, tomar las riendas de tan desastrosa situación e ilusamente intentar poner fin a tan canceroso mal. Así que, siendo realista, supo que no podría hacerlo solo, por lo que reunió un grupo de animales para ayudarlo.

Así que mis apreciables carnales, un zorro muy avispado, un león entrón, un búho muy centrado y una serpiente traicionera se ofrecieron para, como dicen por ahí las nuevas y confundidas generaciones, » rifarse la misión». Así, juntos trabajaron para recopilar evidencia de la corrupción en el país, mientras lo hacían, se dieron cuenta de una nada asombrosa situación.

Pues resulta mis camaradas, que todos los animales del bosque estaban en tan complejo chanchullo. Desde el conejo hasta la ardilla, pasando por el mapache y el topo, todos tenían su diente de ajo en el asunto. Incluso los pájaros se habían llevado un buen pedazo del pastel de corrupción.

Lamentosamente descubrieron que la corrupción era simplemente parte de la cultura de un torcido y manipulado país. Y así, decidieron unirse al barullo y enriquecerse a costa del pueblo. Al fin y al cabo, ¿por qué luchar contra el sistema cuando puedes unirte a él?

Moraleja mis apreciados: la corrupción como muchos granades pensadores ya lo han dicho, es una maquinaria que funciona gracias a un intrincado engranaje donde hasta la pieza más pequeña tiene una relevancia importante; ya bien decía un gran opinador aguascalentense, comencemos mis bienaventurados, por transformar nuestro metro cuadrado, porque a final de cuentas, como bien lo dijera mi tía Lancha…

«Tanto peca el que mata la vaca… como el que le estira la pata»