AMLO, desleal a la Patria

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.- No ha cumplido con la tesis de juramento constitucional por su arrogancia e inclinación a fuertes intereses de facto con el narcotráfico.

Blas A. Buendía * __________

«Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la nación me lo demande».

Es el articulado que invoca como suscrito en el 87, que a tres años de haber asumido el poder, Andrés Manuel López Obrador, si bien proyectó su protesta de rigor, en los hechos no ha guardado (y ni lo hará), la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y peor aún, ni ha respetado la originalidad del Constituyente del 17, referente a las Leyes que de nuestra máxima Ley de Leyes, emanen.

Así mismo, Andrés Manuel López Obrador no se ha desempeñado ni leal, ni patrióticamente en el cargo de Presidente de la República que el pueblo le confirió.

De igual forma, Andrés Manuel López Obrador tampoco ha tenido la altura de miras para respetar su juramento en el cabal cumplimiento del “bien” y la “prosperidad de la Unión”, toda vez que si tuviera tantita vergüenza, con plena seguridad México entraría a un barril de pólvora luego de renunciar al cargo, por su clara vinculación con el Narcotráfico.

No obstante al protocolo de ascensión a la Primera Magistratura, Andrés Manuel López Obrador, con toda insensibilidad colapsó el juramento porque se niega a dejar el cargo, a pesar de que existen múltiples elementos “para que la nación se lo demande”.

“…Y si así no lo hiciere que la nación me lo demande…», pareciera que este enunciado solo es una frase “pachanguera”, que para el Presidente de la República, ni siquiera le inquieta a pesar de la extraordinaria importancia histórica que se guarnece y que le da realce a esta nación, la cual que ha sido mancillada por un oclócrata que llegó al poder al ponderar mentiras tras mentiras, so pena que prestigiados abogados han protestado porque el Ejecutivo Federal los tachó de ser “traidores a la Patria”, por servir a intereses internacionales.

En un comparativo de las Naciones que componen el conglomerado social en el Continente Americano, por ejemplo en Argentina, en la ceremonia de toma del nuevo Ejecutivo, éste jura “observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación”. Aquí en México no existe tal consideración.

En Bolivia, el presidente entrante jura “fidelidad a la República y a la Constitución”, y aquí en México, tampoco existe tan “descabellada” analogía.

En Chile, el Congreso hace una ceremonia de “proclama al Presidente electo”, donde el nuevo Ejecutivo promete “desempeñar fielmente el cargo de Presidente de la República, conservar la independencia de la Nación, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes”. Aquí en México ni por equivocación existe tal respeto.

En Colombia, el nuevo presidente debe citar: «Juro a Dios y prometer al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia». Aquí en México, ni por enterados…

En El Salvador, el nuevo presidente protesta “bajo su palabra de honor, ser fiel a la República, cumplir y hacer cumplir la Constitución, ateniéndose a su texto cualesquiera que fueren las leyes, decretos, órdenes o resoluciones que la contraríen”, prometiendo, además, “el exacto cumplimiento de los deberes que el cargo le imponga”, por cuya infracción será responsable conforme a las leyes. Esa atenuante, aquí en México no existe.

En tanto que en Guatemala, la asunción del presidente solo se limita a una ceremonia del Congreso rigiéndose por lo establecido en la Ley Electoral y de Partidos Políticos, en Honduras, el siguiente Ejecutivo podrá juramentar ante cualquier juez de letras o de paz de la República.

En Nicaragua, ante el pleno de la Cámara de Representantes, el nuevo Ejecutivo protestará sobre la promesa de ley ante el Presidente de la Asamblea Nacional.

En Nicaragua, el Presidente y Vicepresidente ejercerán sus funciones por un período de cinco años, que se contarán a partir de su toma de posesión el día diez de enero del año siguiente de la elección. Dentro de este período gozarán de inmunidad, de conformidad con la ley.

En Panamá, con la excepción de ser o no ser, el protocolo de protesta del nuevo Ejecutivo, en éste se debe señalar: «…Juro a Dios y a la Patria cumplir fielmente la Constitución y las Leyes de la República…» (El ciudadano que no profese creencia religiosa podrá prescindir de la invocación a Dios en su juramento””. Aquí en México eso no existe.

En Paraguay, se presenta el juramento o la promesa de “cumplir con fidelidad y patriotismo sus funciones constitucionales”.

En Perú, el caso es más peculiar porque se basa en el Artículo 116 de su Constitución, donde se cita: “El Presidente de la República presta juramento de ley y asume el cargo, ante el Congreso, el 28 de julio del año en que se realiza la elección”.

En República Dominicana, «Juro por Dios, por la Patria y por mi honor, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República, sostener y defender su independencia, respetar sus derechos y llenar fielmente los deberes de mi cargo». Aquí en México ni por equivocación existe ese patriótico paliativo.

En Uruguay, «Yo, n.n., me comprometo por mi honor a desempeñar lealmente el cargo que se me ha confiado y a guardar y defender la Constitución de la República».

En Venezuela, donde la nación presenta escenarios dramáticos por falta de empleo, se constriñe a cumplir con el protocolo del artículo 186 constitucional, donde se menciona: “El candidato electo tomará posesión del cargo de Presidente de la República mediante juramento ante las Cámaras reunidas en sesión conjunta, dentro de los diez primeros días de aquel en que deben instalarse en sus sesiones ordinarias del año en que comience el período constitucional. Si por cualquier circunstancia no pudiere prestar el juramento ante las Cámaras en sesión conjunta, lo hará ante la Corte Suprema de Justicia. Cuando el Presidente electo no tomare posesión dentro del término previsto en este artículo, el Presidente saliente resignará sus poderes ante la persona llamada a suplirlo provisionalmente en caso de falta absoluta, según el artículo siguiente, quien los ejercerá con el carácter de Encargado de la Presidencia de la República hasta que el primero asuma el cargo”.

En Estados Unidos, la elocuencia democrática cambia radicalmente a comparación de las naciones latinoamericanas, ya que el nuevo presidente elegido por la vía electoral, en la Cláusula 8, se asienta: Antes de entrar en la Ejecución de su Cargo, tomará el siguiente Juramento o Afirmación:

 «Juro solemnemente que ejecutaré fielmente el Cargo de Presidente de los Estados Unidos, y preservaré, protegeré y defenderé la Constitución de los Estados Unidos, lo haré lo mejor que pueda». Aquí en México, ni por equivocación existe ese legado democrático en el ser de López Obrador.

Y en Brasil, en el Artículo 78 constitucional, se menciona que el Presidente y el vicepresidente de la República asumirán el cargo en sesión del Congreso Nacional, “comprometiendo a mantener, defender y cumplir con la Constitución, observar las leyes, promover el bien general del pueblo brasileño, sostener la unión, la integridad y la independencia de Brasil”. En México, tampoco existen esos propósitos del oclócrata Andrés Manuel López Obrador.

Reportero Free Lance *

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